LLANTO

El día amanece de amarillo pálido,
un día como otro cualquiera,
quizá un día que no merece vivirse.


¿Para qué mirar a dónde yace la cordura?
Nada te obliga, mujer, a levantar la vista,
ni a calzar los zapatos de la huida.


No corras la cortina de tu cabello,
no veas morir a las criaturas del bosque,
seres que poblaron tus sueños infantiles.


Quizá los sueños que hablan de amor
te hagan vivir lo que otros no te dejaron
cuando todo lo prohibido era tu vida.


Alrededor de ti han abierto un desierto
con alguna palabra de consuelo al viento,
pero jamás has sido dueña de tu destino.


Hay barreras que no se pueden saltar,
como no se puede parar el tiempo
que susurra a tu espalda.


Tu largo cabello negro de joven amazona
te presume capaz de fiera lucha
para vencer el combate contra el odio.


Pero sabes bien, mujer, que cuando
el mundo te ha cerrado todas las puertas,
el llanto queda como único consuelo.

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