INDIGENCIAS

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Los tenemos tan cerca, los podemos ver,
casi los podemos tocar.
Sabemos que están ahí, orgullosos y falsos.
Por amplios salones de terciopelo
deslizan sus cuerpos de barro transparente
mientras danzan el vals de la muerte.
Sonríen a cada paso en cadencia silenciosa
acompasando todos sus músculos
a la confluencia celeste de los astros.
Viven en un agujero negro.
Controlan las fases de la luna,
hunden las pateras de los desarraigados
y funden el azulado hielo de los polos.
Nada les importa,
miran el futuro con los brazos abiertos.
En la fiesta macabra de nuestro mundo
tienen comprometidos todos los bailes.

Jesús Díaz Hernández

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TORMENTA DE ARENA

Como un principio soñado,
sin sentido,
sin historia,
sin preámbulo.

Un inicio a la desesperada:
La arena se levanta en armas
atizada por el viento.
Dos granos de arena se conocen,
no se han visto antes,
así empieza su amistad.
En las alturas los mantiene el simún.
Hablan de esperanza,
maldicen su suerte.
Son nómadas a la espera de posar sus cuerpos.
Son viajeros a su pesar.

Llegará la lluvia a apaciguar las furias,
cesará el viento y respirará la arena.
No tienen sed,
No tienen hambre.
En el desierto la lluvia no deja charcos,
ni hay sombra donde agarrarse.

“Dime tu nombre,
me acordaré de ti.”

Jesús Díaz Hernández